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vendredi, avril 18, 2014

sigo siendo

he visto con mucha alegría el documental de Javier Corcuera sobre la música peruana, Sigo siendo. No solo me gusta por la mirada que tiene en el trabajo con la imagen y las personas, si no, porque nos  acerca lo que deberíamos ser capaces de percibir sin que nadie nos lo explique: que el Perú tiene la riqueza de su diversidad cultural, que el país es un mosaico de culturas, idiomas, civilizaciones. Porque también se trata de reconocer la sabiduría de los pueblos precolombinos, de cómo, a pesar de que el mito de la modernidad se impone, existen estos pliegues de la realidad tan cargados de sentido. Se trata también de reconocer en esas poblaciones, amazónicas, andinas, un valor como civilización, quizás el más sabio, saber vivir con su entorno, la vida frugal, la espontaneidad y la riqueza de las relaciones. No quiero idealizar, conozco el mundo andino y no es todo idilio, posee su lado violento, y yo me pregunto, cómo es que analizamos esa violencia, si no es nuestra mirada la que es violenta. Lejos de relativizar, lo que más me impactó es su sensibilidad, la sensibilidad hacia las otras esferas vivas, y de hecho, el silencio. Tal vez podríamos mirar hacia allí para escribir nuestro futuro, no limar todo imponiendo un modelo que se centra en la mercantilización y la ausencia, no hundirnos en el desarraigo. A lo mejor ese saber detenerse a observar, a tocar la tierra, sentir olores, dejar la camisola de fuerza.
Siempre he sentido que debía inscribir en palabras la experiencia, a pesar de que he nacido en la sierra, mi tradición es escrita, empieza a ser escrita desde muy pronto, hablar poco, escribir. Eso no me ha hecho abandonar la relación con el espacio andino, con los olores, con la tierra en general. Entonces sí, la modernidad no se contradice con la frugalidad, la sobriedad o la austeridad, la Modernidad está en nuestras cabezas, en la manera cómo miramos el mundo, sin pensamiento único, sin estereotipos... dejemos hablar al tiempo, a todos nuestros ancestros, mirarlos con suavidad, eso es, en este documento hay suavidad...

Viaje a México, no he podido detenerme mucho en Caracas que está silenciosa, éxodo general a las playas por semana santa...Yo siempre he detestado estas fiestas, desde niña....

lundi, avril 07, 2014

La distancia

Me pregunto ¿cómo es posible tanta distancia con mi país? He caminado esta mañana y sentía que no reconocía la mayoría de lugares, todo me parecía lejano, distante. En poco tiempo, Lima ha cambiado, se ha integrado a la "aldea global", es una ciudad que va dejando atrás su raigambre popular, fragmetándose, estandarizándose. He colgado algunas cosas en el Facebook, comentarios que han ido saliendo en ráfagas, pero necesitaba detenerme unos instantes en estas sensaciones.
Ayer, ida y vuelta a Chaclacayo, si no hubiese sido por mi familia, ese lugar sería también fantasmal. No reconozco nada o no me siento cerca de lo que está pasando aquí. Un país puede despersonalizarse, volverse un híbrido, vender su alma si es que no sabe mantenerse firme y coherente con su pasado, con lo que es, sin encerrarse, tendiendo puentes.
No sé si el Perú está en esa dirección. No tengo mucho tiempo para mirar lo que está pasando, la vida jala, empuja. El centro de Lima me ha parecido menos estereotipado, más auténtico, como si impusiera su propia identidad pese a este boom inmobiliario.
El día está espléndido pero me siento extraña, o seré yo la que ha cambiado demasiado y ahora la complicidad es casi imposible. No lo sé, veremos.

lundi, mars 24, 2014

La austeridad

hablo de austeridad no en en sentido de algo decidido, la ascésis de vida, si no en el sentido figurado, una austeridad más cerca de la pobreza interior. Sigo sin entender cómo se toma como modelo una sociedad tan precaria, tan sometida a las reglas brutales del mercado. Una sensación que he sentido recurrente ha sido la de estar siempre en deuda, o sentir que todo, lo más mínimo (en términos de bienestar), es un privilegio. Como si no fuese una sociedad de derechos sino de entregas, de regalos, de compensaciones, de obligaciones humillantes y sometimientos. Nada está libre de ese intercambio mercantil, ni siquiera las amistades que se debaten por mantenerse  a flote en medio de la necesidad de subsistir, de protegerse de una precariedad que amenaza siempre con caer sobre nosotroas.

Yo ya dije que el lenguaje se ve afectado por esta constante amenaza, ya no dialoga ni escucha, solo repite  e inventa mantras para protegerse, el lenguaje, se vuelve supersticioso.
Eso solo lo veo una vez aquí, desde lejos idealizo, estetizo, me invento ficciones.
Es tan poco delicada la relación entre los unos y los otro.as, sobre todo la relación de los hombres con las mujeres, de lo que hablaré en mi otro blog, que te deja paralizada. Las mujeres están más solas que nunca, más sometidas, y más limitadas en sus acciones, es casi claustrofóbico.
Ayer paseaba por las calles de San Isidro, calles aseptisadas, vacías. donde nadie camina. Algunos edificios surgen de pronto con su fachada nueva, funcional, ignorando la vida. Siento que esta sociedad se concibe cada vez más, la vivienda, etc, como un centro de servicios, un punto neurálgico de capitales que ignoran a las personas, una ciudad deshumanizada, cada vez más fría. Y más ecléctica, no se ocupa el espacio (la vegetación es otro tema) sino el el hábitat como espacio funcional y no de vida.
Creo que si estuviese con mis amigos arquitectos, tengo varios, plantearían el problema de la piedra, el cemento (se dice que en sociedades miedosas, a punto de caer en la crisis, todo el mundo construye), que nadie crítica salvo excepciones.

de la crítica interpretada como ofensa

resulta que la crítica, para un país que tiene tantas fracturas en su identidad, que trata de salir a flote con todas estas amnesias históricas, que no se ve, que no se quiere, termina siendo una ofensa. El ego circula por todas partes, y se golpea con cualquier objeto. Tal vez sea objeto y no sujeto. se me ocurre solo ahora.

Hay una resistencia feroz a la crítica, un no querer verse. Había olvidado la brutalidad de las discusiones, el conflicto de las relaciones, que no son relaciones, son comunicaciones truncadas, que abortan antes de llegar a su receptor (a)...

Busco un espacio donde entrar en relación con los pliegues de la ciudad, con otro movimiento menos despersonalizado, más encarnado.

Pero, como existe el miedo, el discurso cada vez más reaccionario de la "inseguridad", se hace imposible encontrar fluidez en los movimientos. Me doy cuenta a qué punto la gente no habita su espacio exterior, vive encerrada con la sicosis del robo, el asalto, la violación. Hay un porcentaje alto que se muestra inclemente contra esa "dixit violencia", el mismo discurso de la violencia en Venezuela que termina criminalizando al mismo gobierno Si aquí no se ha llegado a ese extremo, es porque nadie lo ha dicho, pero temo que sea una nueva versión de las fobias y miedos colectivos que buscan "chivos expiatorios".
Intuyo que esta vez cierro una página con el Perú. Una del tiempo, del pasado-pasado.
Entrada a la verdadera adultez
Releer a Lou Andréa salomé... ir a comprar un libro suyo. Luego ir a ver el mar, ir a las artesanías, liberarse de la gripe que es una respuesta a las agresiones del lenguaje, de algunas miradas.
Una construye y construye.
Una imagen me viene a la mente, la de una película de los hermanos Taviani, unos jóvenes han construido un hermoso castillo de piedras preciosas en una playa, cuando la gente pasa, lo ve y siente mucha cólera porque sabe que no podrán construir uno así. De pronto, alguien avezado, pasa, lo mira, y le ordena a otro: quémalo.

tal vez esa austeridad impuesta no permite ver ningún castillo, menos los castillos interiores de los que hablaba Teresa de Ávila en esta tierra austera de mi país.

mercredi, mars 12, 2014

la mentira Mundo

Estos últimos días  se me hace imposible escribir sin cierto malestar. Hay algo en este momento una cosa que flota en el aire, un ambiente de calumnia, de complot. Siempre pienso en esa frase, "decir la verdad y nada más que la verdad" de Michel Leiris. Y que significa tratar de contornear la realidad, esperarla, atraparla en su movimiento instantáneo y efímero. Yo creo que no podemos pensar que podemos poseer la verdad si somos conscientes de nuestros límites y si pensamos que solo podemos abarcar una serie de acontecimientos. Pero cuando tenemos una realidad que nos salta a la cara y se hace una evidencia, la verdad de la vida, que es la muerte, no podemos nombrarla de otra manera. El complot del que hablo es contra la inteligencia y la confianza que tenemos en el lenguaje, en la idea de que en él se refleja un esfuerzo humano por ceñir la realidad, de no mentir de manera descarada. La realidad, en ciertos casos, exige que la nombren, que la enfrenten de manera franca. Y en estos instantes, siento todo lo contrario, y me hiero, me hiero porque sí confío en el lenguaje y en la inteligencia de las personas, sin embargo, la mentira, la brutalidad, es tan banal, y es tan estúpidamente banal.
Todos los días veo la prensa (a veces la evito, la verdad, porque tardo horas en recuperarme) decir las cosas de soslayo, hablar sin decir lo que realmente ocurre en estos instantes en Venezuela, que hay una población que está agotada de las "guarimbas" (las barricadas hechas de deshechos, de fuego, alambres), que no se atreve a condenar porque no sabe qué hacer, su confianza en la democracia es confusa, no sabe si defiende sus intereses, o los de un grupo de fanáticos que están sembrando el miedo, no sabe si son estudiantes, mercenarios, qué quieren, nadie comprende. Y, en este laberinto, lo único que parece evidente es que se pretende desalojar a un gobierno, que se teje con más prepotencia la idea de la "ingobernabilidad"para que así suceda lo mismo que en Paraguay con el presidente Lugo, como lo dijo ayer Dilma Roussef desde Chile. En otros artículos ya analicé los síntomas que iba leyendo en la población de Venezuela, aparentemente todo el Mundo conoce lo que sucede aquí y opina, opina desde la doxa instalada a nivel planetario: que aquí no hay democracia.
La democracia no es el gobierno del pueblo pare el pueblo, sino de un  grupo con poder económico, nadie lo dice ni lo quiere decir, solo hay un rostro pintado en la fachada; él o la estudiante inocente que reclama su libertad, aquella imagen que conmueven porque se invoca la simbología de la juventud como figura de pureza y fuerza. Ya se crearon esos héroes con pies de barro que lanzan cocteles molotovs, incendian estaciones de metro o de bus, matan a quien intente retirar una barricada, sus llamadas "guarimbas". Todas las cifras son sumarias, dicen, tantos muertos, torturas, sin argüir razones y sin esperar que la fiscalía se pronuncie (hay 12 efectivos detenidos por abuso de poder), todo circula en el dominio de la generalización para que cualquier persona, en cualquier parte del planeta, pueda identificarse y completar la historia. Todo, todo, es turbio, tergiversado, es el idioma de Babel, el idioma del trabalenguas, para que nadie entienda lo que sucede de verdad y cualquier intervención suceda bajo ese velo de la confusión, y el "debe ser una dictadura, debe ser porque se lo merecían", se imponga. La turba está lanzada en las calles, no han cesado desde hace un mes, en medio de barrios de clase alta, y media, con la anuencia de las alcaldías y de algunos vecinos, los otros, los, y las, que tiene miedo, mantienen una actitud cautelosa, su temor hacia lo que se les ha dicho que es un peligro, les oscurece la mirada y, aunque deploren no poder salir de sus casa y andar en medio de la basura y el peligro, prefieren eso con tal de que el gobierno se venga abajo y así no ser "desclasado-as", gente que no tiene un "lugar en el mundo" del orden de  "lo material". El mundo entero está coludido sobre la falta de confianza en la democracia en Venezuela. Es curioso que también arremetan contra Cristina Fernández, contra Correa, ahora, en la prensa local, contra Dilma Roussef... no es espontáneo todo esto, no lo creo, es una guerra no declarada entre dos propuestas de lectura, una que no quiere más "condenados" en el mundo, y la otra, que sacrifica generaciones enteras a la "selección natural".
Decididamente, no me resulta espontáneo sentir simpatía por los primeros, aunque la violencia, sea de donde sea y venga de quien venga, me parece terrible, devastadora.  Tal vez sí se pueda cambiar las cosas,  aferrándose al sosiego y a la idea de paz, al menos, es otra forma de acorralar a la violencia.

Y es ahí donde quiero llegar. En el fondo creo que la gente que abomina del gobierno bolivariano cree en sus fobias, las alimenta, no es capaz de ponerlas en duda. Es un pensamiento profundamente lógico contra un pensamiento analítico. Es decir, el silogismo de base: si hay tres chavistas agresivos, entonces todos son agresivos, y si dicen que apuestan a un Estado fuerte y que controla, es que son comunistas. Y esa simpleza de razonamiento se ha ido imponiendo hasta la ceguera, de ahí la violencia de los grupos violentos, que utilizan métodos sediciosos, no de protesta. El hecho de que empiecen a amedrentar a los vecinos, que amenacen en algunos estados a los comerciantes, que pidan que se paguen cupos (sic) para que una persona pueda transitar por su propia calle, para que alguien circule incluso a pie, es inquietante.
El problema es comprender por qué tanta gente dice lo contrario de lo que sucede aquí, me niego a pensar que son deshonestos y que están detrás de un golpe. No lo puedo creer.
Tengo tantas lagunas en la historia, sobre el golpe de Allende, sobre Velasco Alvarado, sobre Sendero, todo eso, no, no es gratuito... creo que toca hacerse la pregunta,
Lo que siento es que todo esto es un gran complot contra la inteligencia, la conciencia razonada, es terrible. La arremetida mediática continúa, no cesa, todos los días hay algún rumor nuevo, hoy es el de que venía gente del estado de Táchira (donde empezó todo) a "incendiar Caracas". Las palabras  apelan al miedo y a la confusión. Una cosa está clara, pero la opinión pública sigue insistiendo en decir lo contrario: el supuesto quórum de pedido de diálogo, que ya lo hay, hace una semana que se reúnen los sectores democráticos de oposición, incluso el pleno de los empresarios, pero los estudiantes, que dicen "tener reivindicaciones", no aceptan sentarse a dialogar, abominan de la Unasur y es seguro que no lo harán porque sus líderes Capriles, Machado y López, les han dado la consigna de que representan "al castro-comunismo" en América Latina, y que si ellos quieren libertad, tienen que seguir presionando como sea hasta implantar el caos general y lograr una intervención. Esa parece la consigna.. Unos están con la lógica del libre mercado y el neoliberalismo, y los otros con el Estado social  y la fuerza colectiva (lo he repetido hasta la saciedad) entonces, no sé cómo pueda calmarse este violencia, porque hay un gran movimiento continental para quien, en Venezuela, "ca merde" como se dice en francés y entonces sigan en la lista de "personas non gratas", Correa, Morales, Fernández, y por qué no Roussef, que pronto enfrenta elecciones... No sé, algo me dice que mi intuición va por ese lado...

Mientras tanto el lenguaje me parece aun más falso, más artificial y más fascista. Como decía Barthes, el lenguaje es muchas veces fascista, si es que no se le somete a la prueba de la escritura y de la duda. Las redes sociales han facilitado ese uso del lenguaje en su forma más básica, más autista y tirana. Hay que ver la cantidad de Ipods, Iphones, que circulan en estas manifestaciones que se han tornado tan temerarias.  Hay un nuevo orden de vigilancia y persecución que es más fuerte que cualquier análisis reflexivo, que cualquier libro. Los libros son sus enemigos porque piden paciencia, reflexión. Es esta épica de época, con sus héroes de pies de barro.

Termino pensando que voy a confiar, sí, voy a confiar en que la inteligencia y la creatividad se impongan.

mercredi, février 26, 2014

La serenidad

La violencia es uno de los temas más difíciles de analizar, el que nos confronta con nuestros límites para comprender. Pienso en cuando Hannah Arendt escribió su Informe sobre Eischmann, los ataques que recibió cuando se atrevió a decir que la violencia muchas veces es banal, que somos capaces de ser violento.as y de hacer tanto daño- Lo que ha venido sucediendo este mes de febrero en Venezuela, nos puede llevar a analizar muchos aspectos en nuestras democracias, qué sucede para que se bloqueen los canales de diálogo y de reflexión. En lo personal, la violencia me desarma, me deja sin lenguaje y solo se puede tener ideas vagas. Pese a eso, intento una reflexión. Estas reacciones violentas descubren una falta de diálogo, una ruptura en la comunicación. Hay una retórica cultural que es reactiva que no razona sino que condena, persigue, que busca culpables. Hay un ambiente de angustia general, de miedo al futuro, de incertidumbre. Estamos en una etapa de crisis de modelos y paradigmas, dentro de esa confusión, es difícil que se pueda escuchar la palabra del otro.a, la atención está deformada por el ruido y la angustia en tratar de comunicar. Hay muchas cosas en las que se ha avanzado en Venezuela, una participación civil importante, una democracia protagónica que a la larga dará sus frutos. Los avances no son invenciones, son ciertos. Sin embargo se carece de análisis y de autocrítica. Hay una mística que domina, y esa mística no facilita la reflexión. Tal vez una manera de salir de esa trampa sea pasar a una consolidación de valores de convivencia sólidos, el problema es que esos valores seguirán (al menos por un tiempo) ligados a la religión, de ahí que las reacciones hayan sido frenadas por una compasión, una noción cristiana del prójimo. Muy pocas personas pueden trabajar interiormente de manera autónoma, prescindiendo de la religión. No se llega todavía a eso porque los valores que dominan son demasiado individuales, egoístas, poco solidarios y desconocen una parte de la realidad (¿cuántos jóvenes burgueses han puesto los pies en un pueblo joven, cuántos se conocen?). Hacer que la empatía sea la relación con el otro.a el adverso, el de otra tendencia política, incluso la más radical, no es fácil, exige un enorme autocontrol, una afirmación de Eros sobre Tánatos. La tarea más difícil entonces es lograr que ese capital simbólico que han logrado con los años de revolución (que es cultural, es decir, salir de la dominación simbólica para ser creativos y no pasivos) debe ser compartido, dialogante y no monologante. La mayoría de la población en Venezuela ha reaccionado con empatía al ver que se estaban cometidiendo excesos, que se estaba cayendo en una violencia oscura y sin sentido. ¿Qué modelo económico desean para ellos y ellas? Eso lo pueden decidir en el debate democrático, siempre está la posibilidad del acuerdo, de la complementaridad. Tal vez esa sea la idea, no ver al adversario como enemigo sino como complemento.
También hemos visto que este debate era internacional a través de las redes sociales y del rol perverso de los medios de comunicación. Han actuado de forma abusiva incitando no al diálogo sino a la contienda y al enfrentamiento. En toda Latinoamérica nos hacen falta medios que fomenten el diálogo y la réflexión y estamos en manos de la doxa y la opinión manejada por grandes transnacionales. En toda América latina estamos reintentando una democracia protagónica, solidaria, vitalista, que no se estropee por la ceguera de unas cuantas personas. Tal vez se ha instalado el sentir antes que el pensamiento, en contra del convencimiento de que se posee la verdad. Se ha instalado la duda de si se puede aceptar vivir en medio de una división tan dolorosa, de si se puede avanzar de manera ciega, instalando el miedo y no la serenidad y el apego a los valores comunes. Desconocer el valor humano de una parte de la población (la más vulnerable) de un país es una barbarie. No es la respuesta a ningún malestar social. El desarraigo de las clases altas y medias ha generado una respuesta muy violenta. El gobierno puede integrar a su reflexión esta forma de reacción, no ignorarla, integrarla. No sé si sea ingenua, pero siempre confío en que las personas, dependiendo a qué situación se confronten, pueden sacar lo mejor de sí mismas.

Nosotros que podemos ser siempre mejores, decía Rilke.

lundi, février 24, 2014

Black out

Yo espero que la gente de la oposición reflexione y salga de este "black out" en que está sumergida. Esta madrugada me despertó el sonido de una corneta  que no dejó de sonar. Vivo en la zona sur este de la ciudad, sobre las colinas, que son residenciales y de estratos altos. La gente intenta circular a través de barricadas de basura que han sido depositadas para impedir el tránsito. No sé cómo llegan aquí, pero a lo mejor esa corneta estaba llamando a la gente a despertarse para empezar las acciones de bloqueo. En las redes sociales se hacían nuevos llamados a  ejercer los mismos actos violentos de los últimos días. Si se bloqueasen las calles de Miraflores y San Isidro, ¿qué haría la población en Lima? Estos no es una "protesta pacífica", están tratando de paralizar la ciudad y a otros sectores del país. Han cerrado el acceso del aeropuerto a  Caracas, no sé,... esto es realmente agotador....

ahora, la ciudad está en una calma tensa. No sé qué piensan hacer, pero, alguien de naturaleza sensible, no puede evitar sentir aprehensión... . Es inextricable para una extranjera, pero, para los venezolanos y venezolanas, no. Han vivido esta situación varias veces. Son métodos deplorables los que se emplean para crear el caos y la anarquía...

Voy a escribir sobre Olympia de Gouges, hace una semana que vivo paralizada.

Tarde

acabo de venir de Las mercedes, luce tranquila, sin demasiada actividad, pero casi normal. En realidad todo se concentra en estos sectores del este y sur oeste, pese a eso, la gente circula tranquila y sigue sus actividades. Así que me pongo a trabajar.


samedi, février 22, 2014

Las pasiones

la pasión, nubla la vista. Hay una pasión por tratar de entender qué está pasando aquí, cómo es posible que las manifestaciones terminen en tanta violencia. Ayer salí a hacer compras por Las mercedes, salgo todos los días, pero no precisamente a comprar, todo parecía haber vuelto a la normalidad, pero es imposible saber cuánto durará. Hay algo que hay que tener en cuenta: escribir, comprometerse en la política, nos confrontará siempre con nuestros límites, con los límites que tenemos para comprender. Hay palabras que no son oídas, la de los pobres, por ejemplo. Hay un prestigio que da el dinero y que no se pone en duda. ¿Qué necesidad tendría el gobierno de Venezuela en suicidarse con el empleo de la violencia como dice la oposición? Los bolivarianos son pacíficos. Eso no impide que no haya gente violenta. Pero, de ahí a tomar la parte por el todo, es absurdo. La oposición vive con la idea de que le robaron las elecciones, como si no existiese un gobierno y como si ellos hubiesen estado esperando el momento de recuperarlo. Es casi imposible creerles que no están, o al menos un sector, detrás de un intento de golpe. Discernir con claridad en estos casos, no es fácil. Yo le tengo pánico a la violencia, a la física, pero también a la verbal, y a aquella que se teje con imágenes.
Dos marchas están previstas hoy. Y la tensión sigue, menos dominante, pero sigue. Los sectores del este permanecen revueltos, con estos jóvenes extraños que no dejan de quemar llantas, causar destrozos y que siembran el caos. En los otros sectores de la ciudad, no han habido mayores disturbios. En el sur-oeste, que es donde estoy, las cosas son calmas, casi no hay piquetes, salvo concentraciones de gente.
Necesito dejar de ver imágenes. He estado muy involucrada, tratando de hacer circular la información que no llega a otros países, tratando de observar, analizar, todo eso bajo una presión fuerte.
Pensaba ir a ver la marcha de mujeres por la paz, pero no sé si podré. Me hice la pregunta esta mañana, ¿por qué estamos obligadas muchas veces a opinar? Tal vez porque cuando estás en medio de calumnias, la necesidad por restablecer un mínimo de relación con la realidad, se impone. Hay una relación entre le lenguaje y la realidad, aunque  siempre contenga una ficción. Cada versión está encerrada en lo que podemos ver, es por ello que me dan pánico los discursos totalizantes y radicales, prefiero a la gente que duda y se detiene a observar. ¿Qué hacer cuando una situación te obliga opinar, a pensar? A veces eso se impone, y es allí donde tenemos que aceptar que no siempre podemos dar respuestas vagado tímidas, que tenemos que hablar. Retratar las cosas es ya una manera de implicarse.
Durante el desayuno conversamos con Olivier, hay tanta información contradictoria que es un rompecabezas. Ambos sectores están convencidos que detentan la verdad. Por eso, el diálogo parece imposible, aunque ayer vi imágenes de jóvenes dirigentes estudiantiles que se sentaban a hablar a gritos. Al menos estaban sentados frente a frente. Espera entonces..